lunes, 8 de noviembre de 2010

Por qué “en la orilla del silencio”

Así como del fondo de la música brota una nota
Que mientras vibra, crece y se adelgaza
Hasta que en otra música enmudece
Brota del fondo del silencio
Otro silencio, aguda torre, espada
Y sube y crece y nos suspende
Y mientras sube caen
Recuerdos, esperanzas, 
Las pequeñas mentiras y las grandes, 
Y queremos gritar 
Y en la garganta se desvanece el grito: 
Desembocamos al silencio 
En donde los silencios enmudecen.
Octavio Paz


La frase como tal, “En la orilla del silencio” la leí primero de Alí Chumacero.
En sí, un gran poema, pero en sí , cuando pensé en escribir este blog y por la línea que pensaba integrar, se me vino a la mente inmediatamente este poema de Octavio Paz.

Me dijo mucho más de mí y de la persona con quien pienso compartirlo. En sí, fue lo primero que me ligó al otro pedazo de alma con quien pretendo compartir este diálogo, esos silencios y de hecho, que a pesar de los silencios y entre ellos, nos hemos conocido tanto y lo más relevante, querido tanto.

“Tendría mucho que decir, pero aprendí tanto silencio que tengo que callar” diría en voz de Neruda. Y es que tengo que pedir prestadas algunas palabras, para no hablar de ella ni de lo que ha dejado en mí cada que aparece en mi vida.

Pero en retrospectiva, con silencios hemos llenado una serie de huecos que ha dejado en una serie de recuerdos, de aventuras, de sueños, de ilusiones, de palabras y adioses nunca dichos. Y de cualquier forma, con esos silencios se justifica y regresa.

Sí, a pesar de todo,  con esos silencios nos hemos conocidos, hemos estado tan cerca uno del otro, casi alma con alma, de hecho, mirada con mirada. Con esos silencios hemos construido puentes, nos hemos puesto límites que seguimos rompiendo y volviendo a construir.

Creo que es lo que mejor hemos creado, silencios que dicen tanto, espacios que no solo añoran, sino que producen un “saudade” indescriptible.

Ahora abro el diálogo.
Y lo abro en la orilla de ese silencio que nos ha hecho tan nosotros.

Y no, por ahora no quiero hablar de sus ojos que hablan más que sus labios.
De sus sueños que se agolpan en su mirada.
De todas las palabras que nos faltan por decir y por discutir.
De todas las cosas que quedan en el tintero y que algunas veces ha dolido no decir en su momento.
Ahora hablaré únicamente y cuando se haga un diálogo en ambas partes.
Sólo así lo compartiré.
Porque estoy convencido, que al menos entre nosotros, los silencios no nos han enmudecido aún.